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En route pour la realité

Uno vive en burbujas. Algunos hemos tenido la suerte y la maldición de vivir en la burbuja clase media-alta, con nuestra conexión a internet y nuestros dramas de Facebook, donde la realidad con costo la vemos desde la ventana del bus medio dormidos. Es bonito eso de tener un techo sobre su cabeza, y la tele en el cuarto y que el berrinche de este año sea que "ocupo cambiar la laptop porque esta demasiado lenta y no me corre CS5". Es bonito esa vida. Y algunos pecamos de que nos despertamos tan seguido en esa vida, que se nos olvida que no es la única, que algunos tienen problemas más allá de "No pude irme de fiesta el viernes porque mami no me dio plata" o "me lleva la restricción vehicular porque tuve que agarrar bus para ir a la U".

El miércoles me invitaron a salir de mi burbuja, a ir al mundo real y cotidiano de muchas personas y salirme un poco de los estereotipos que ya habia creado dentro de mí. No mentiré: tenía miedo de ir al Infiernillo de Alajuela. Sólo el nombre asusta. Después de tan solo unos 5 minutos fuera del bus, ya no tenía miedo. Habían niños en la calle jugando y esperando que un grupo de servidores de Obras del Espíritu Santo les diera un plato de comida. Pero no fue la cantidad de gente que vi esperando un plato lo que me movió lo más esa noche. Fue la mamá que venía con un chiquito de 5 años que no quiso tomar un plato de comida para sí misma para “que otro chiquito coma”, fueron los niños y niñas en el salón comunal de Santa Rita que reían y jugaban con uno a las 10 pm mientras esperaban su comida, fueron los 3 señores en el parque de Alajuela que bromeaban mientras comían y hablaban con uno.

En el bus de camino nos dijeron que no había que tener lastima de las personas que encontraríamos esa noche. Debo decir que no sentí lastima de nadie que encontramos esa noche. Era gente que sonríe, que te recibe con brazos abiertos, que te comenta de su vida. Debo admitir que sentí pena por mí misma. ¿Cuántas veces en mi vida me había dignado yo a ver a los ojos a un indigente? ¿Cuántas veces había pensando yo en pobreza material más allá de un numero en una estadística? No sentí lastima de ellos. No. Sentí lastima por toda esa gente cuya realidad termina en Multiplaza Escazú, que viven seguros en sus burbujas sin siquiera poder imaginar las realidades de otros, sin siquiera preocuparse por las causas que llevan a la pobreza material, por todos aquellos que no actúan y ven esto como lo normal.

La burbuja, señoras y señores, nos desliga de la realidad, de la verdadera realidad, de los días cotidianos de un 18% de la población costarricense. La burbuja nos permite mantener ese 18% como números, números de una estadística, no como personas reales, trabajadores, con nombres y apellidos, que sonríen y lloran y tienen sueños, y muchas veces: hambre. Yo lo invito a usted a que cada vez que se le ocurre que alguien es pobre porque no quiere trabajar, que recuerde a la señora que no quiso aceptar un plato de comida con tal de que fuera a otro niño. Esa señora se merece una estatua en un parque, un premio, algo que nos recuerde que la solidaridad se practica, no se predica.



Créditos a Simón Avilés por la foto

1 comentarios:

Carla dijo...

Completamente de acuerdo. Uno demasiadas veces no sale de la burbuja, se le olvida el mundo real. Ahora, sobre gente, hay de todo tipo. Hay gente pobre porque nada más no tiene posibilidades de nada, pero no digamos que no existen los que parece que están muy cómodos ahí. Existe la gente honrada y existe la gente que hace que dé miedo ir a ciertos lugares. Así como existe gente de clase alta que no puede ver más allá de su propio trasero y gente que aprovecha su influencia para algo bueno... No se puede generalizar. Es bueno ver a cada uno dentro de sus circunstancias.

El award que me dio Carliux (MUA!)

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