Sho

before and after



Me he estado preguntando qué hacer de mis veintes. Era una pregunta importante, I am a goal oriented person after all. Había muchas cosas que ya sabía antes de partir, pero que tenía que forzarme a extremos para entender, para comprender, para dejar de negar. Hace un par de años I got scared y tomé la easy comfortable way out. Una cosa es pensarlo, otra muy distinta es llegar a ese punto en que uno se lo grita a sí mismo haciendolo una realidad y llevandolo a la vida.

Recuerdo que alguna vez pedí ser wreckless, pero la verdad era que todo lo que quería era dejar de tener miedo. Miedo de fallar, de tomar decisiones que no eran las correctas, de tomar las vias erroneas, de no ser lo que debería ser si es que acaso eso existe. Y tuve que sacarme a mi misma completamente de mi centro de equilibrio para no solo aprender del miedo y aceptarlo, pero a ser capaz de verlo en la cara y no dejarlo que me detenga. Sentir que la aprehension te invade y aun así seguir adelante. Comme on dit en français, fonce!

Es que acaso todo esto lleva algun lado? No es acerca del destino, es acerca del viaje. Lesson number One from Belgium. No era acerca de Belgica, no era acerca de Europa, no era acerca de andar de trotamundos, es acerca de todas las pequeñas cosas que suceden que te cambian poco a poco, que te enseñan sin que te des cuenta.

El viaje es impredible, inexplicable, y nunca encontraré las palabras para explicarlo, pero si que algo debe quedar claro del viaje es que no siempre es azucar, flores y muchos colores, pero que si uno se concentra en el viaje, y solo en la experiencia, entonces este se puede convertir en esta mezcla imperfecta de dulce y agrio que te lleva a lugares que no sabias que existian, que te enseña, te cambia, te molda y te desmolda, te parte en dos y te vuelve a pegar a como se puede.


El viaje no es perfecto, las expectativas cambian, se adaptan, se echan a la basura y se replantean. Pero la belleza del viaje es su imperfección, como nos fue sorprendiendo, como deja de sorprenderte para convertirse en la rutina y como al final, como todo lo bueno en esta vida, llega a su fin, debe mutar y recomenzarse.

Hoy es la ultima noche que pasó en Belgica. Puedo ver el camino que ha sido recorrido como en lapsos, pero sentir, realizar, estar consciente de que este finde semana no será en Leuven, que el lunes no habrá café de 10 de la mañana del trabajo, que no jugaré más en el adoquín suelto de camino al trabajo, it hasn't hit me yet.


1 comentarios:

Carla dijo...

Siempre da una nostalgia tremenda irse, regresar a la ya-ni-tan-rutina... Pero, on the up side, lo vivido siempre siempre queda, siempre está ahí, y siempre estará tan fresco como si hubiera pasado ayer.

Y... *ta-dah* el otro up side:
Siempre se puede volver. :)

El award que me dio Carliux (MUA!)

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